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DÍA DEL CLIMA:
El papel de la infancia eN LA CRISIS CLIMÁTICA

La crisis climática es una de las mayores amenazas para el futuro de la infancia en todo el mundo. En el marco del Día Mundial del Clima, que se celebra este 26 de marzo, es fundamental reflexionar sobre el impacto de esta crisis en los niños y niñas y su papel en la lucha por un planeta más sostenible. 

Las lluvias de las últimas semanas en una gran parte de la península parecen mostrar cómo el calentamiento global está incrementando la frecuencia e intensidad de las lluvias extremas en nuestro país. Un ejemplo han sido las fuertes precipitaciones torrenciales de la DANA, que golpearon la provincia de Valencia a finales del mes de octubre de 2024 que según un análisis del centro de estudios World Weather Attribution son ahora un 12% más intensas y el doble de probables en comparación con el clima preindustrial.

Nuestra experta en crisis climática, Lara Tavares, nos cuenta la importancia de la participación infantil en la acción climática, la necesidad de educar sin generar miedo y los efectos desproporcionados del cambio climático en la infancia.

¿Cómo afecta a la infancia la crisis climática?

El cambio climático, junto con la contaminación ambiental y la pérdida de biodiversidad—conocida como la triple crisis planetaria—tiene un impacto profundo y generalizado en los derechos de la infancia, desde que están dentro de las tripas de sus madres hasta la adolescencia. Esta crisis agrava las desigualdades entre países y dentro de ellos, afectando de manera desproporcionada a los niños y niñas en situación de vulnerabilidad, como aquellos que viven en pobreza extrema.

En nuestro informe “Nacer en un mundo en crisis climática”, un niño nacido en 2020 estará expuesto a eventos climáticos extremos con una frecuencia significativamente mayor que una persona nacida en 1960: tendrá casi tres veces más probabilidades de experimentar inundaciones y hasta siete veces más de sufrir olas de calor.

A nivel de salud, los niños y niñas son especialmente vulnerables a la contaminación del aire, ya que respiran más rápido que los adultos y sus órganos aún están en desarrollo. Además, los más pequeños y los lactantes son particularmente sensibles al estrés por calor debido a su mayor superficie corporal, lo que los hace más propensos a absorber el calor ambiental.

El derecho a la educación también se ve gravemente afectado por el cambio climático. Fenómenos como inundaciones, incendios y tormentas pueden provocar el cierre de escuelas, interrumpiendo el aprendizaje de millones de niños en todo el mundo.

Asimismo, la crisis climática tiene un impacto en la protección infantil, ya que la pérdida de medios de vida en comunidades vulnerables puede derivar en estrategias de supervivencia perjudiciales, como la reducción del gasto en educación y salud o el aumento del trabajo infantil. Además, profundiza las desigualdades de género, ya que las niñas suelen verse afectadas de manera desproporcionada. Por ejemplo, en el análisis “Las niñas en el centro de la tormenta” reveló que dos tercios de los matrimonios forzosos infantiles ocurren en regiones con altos riesgos climáticos, evidenciando cómo la crisis climática exacerba estas problemáticas.

El cambio climático no solo impacta el presente de los niños y niñas, sino que también compromete su futuro, haciendo urgente la implementación de políticas y acciones concretas para mitigar sus efectos y proteger los derechos de la infancia a nivel global.

¿Qué papel juegan los niños y niñas en la lucha contra el cambio climático?

Los niños y niñas son uno de los grupos más afectados por el cambio climático. Sin embargo, pueden y deben tener un papel activo en la defensa de sus derechos y en la construcción de un mundo sostenible. A través de herramientas y procesos que fomentan su participación, pueden influir en la gobernanza climática y contribuir a los esfuerzos de mitigación y adaptación.

Un ejemplo clave es la Declaración sobre los Niños, Niñas y Jóvenes y la Acción Climática de las Naciones Unidas, presentada en la COP 25 de Madrid en 2019. Inicialmente respaldada por nueve gobiernos, hoy cuenta con la firma de más de 60 países.

Otro documento fundamental es la Observación General n.º 26, elaborada por el Comité de los Derechos del Niño tras consultar a más de 16.000 niños y niñas de aproximadamente 120 países. Este documento destaca la importancia de la infancia en la protección del medio ambiente y la lucha contra el cambio climático.

Las organizaciones de la sociedad civil también desempeñan un papel clave, ya sea lideradas por los propios niños y niñas o acompañándolos para que sus voces sean escuchadas. Un ejemplo inspirador se presentó en el Congreso de Educación Ambiental, celebrado en marzo de este año en Madrid, donde se compartieron proyectos implementados en Filipinas. Estos proyectos involucraron la participación de niños, niñas y sus familias en la creación de recursos educativos sobre acción climática y en la formación de educadores infantiles, generando un impacto multiplicador en la concienciación y el empoderamiento.

¿Cómo pueden las escuelas y familias educar a los niños y niñas sobre el clima sin generar miedo o ansiedad?

La crisis climática es un problema serio, pero es importante evitar mensajes negativos o alarmistas que puedan generar ansiedad en los niños. Para ello, es fundamental centrarse en soluciones y acciones positivas que promuevan una relación sana con el medio ambiente.

Algunas estrategias clave incluyen:

  1. Filtrar los mensajes: Evitar narrativas apocalípticas y en su lugar enfocarse en soluciones, buenas prácticas y avances en la lucha contra el cambio climático.
  2. Promover una actitud positiva: Resaltar acciones concretas que cada persona puede llevar a cabo, como la eficiencia energética en casa, proyectos de reciclaje en la escuela o la protección de espacios verdes en la comunidad.
  3. Respetar los límites emocionales: Permitir que los niños y niñas se involucren hasta el punto en que su salud emocional lo permita, evitando la eco-ansiedad.
  4. Inspirar con el ejemplo: Fomentar la idea de que pequeñas acciones pueden generar grandes cambios a futuro, formando a los líderes ambientales del mañana.

Los niños y niñas de hoy serán los gobernantes del futuro. Inspirarlos con una visión positiva y soluciones concretas les motiva a asumir un papel activo en la lucha contra el cambio climático.